“El circo de la mariposa” da una increíble
lección al mundo de lo mucho que puede conseguirse con esfuerzo propio e estimulación externa y, además, es
una idea que se puede aplicar tanto en la vida en general como íntegramente en
el ámbito educativo, y que tiene que ver con la variable afectiva del
aprendizaje, la cual es sumamente vital para conseguir que los alumnos crean en
sus capacidades y que tengan voluntad de superación, actitud que les llevará a
un aprendizaje satisfactorio.
La variable afectiva, lamentablemente, no se tiene demasiado en cuenta en muchos entornos/centros educativos. Sabemos que en la enseñanza obligatoria hay unos objetivos de aprendizaje fijados a nivel general, y así cada curso tiene establecidos unos objetivos que hay que superar y que se imparten de la misma forma para todos los alumnos, cosa que en muchas ocasiones puede resultar poco enriquecedor para muchos alumnos. ¿Por qué? Porque si tenemos en cuenta la heterogeneidad de personalidades, capacidades y dificultades, y en algunos casos, los rasgos sociales y culturales de un grupo de aprendientes, veremos que conseguir que estos asuelan estos objetivos de una misma forma está alejado de la palabra éxito.
Si el currículo educativo tiene siempre unos
mismos objetivos e incentiva a desarrollar ciertas habilidades y adquirir
ciertos conocimientos, entonces estamos quitando importancia a otras
habilidades y conocimientos, los cuales se irán deteriorando si no se
estimulan. Las personas tenemos
diferentes capacidades y todas podrían ser útiles, y si hay una cosa en la que
destacamos y que nos gusta, debería ser estimulada e incentivada, no ignorada o
infravalorada.
En muchas ocasiones, cuando a un alumno le
cuesta entender una cosa que parece obvia para el resto de alumnos, a este se
le suele poner etiquetas despectivas hacia su inteligencia. Por si no hubiera
suficiente, para estas mismas situaciones hay profesores que, en vez de dar un
empujón a ese alumno, ignoran su dificultad y lo dan por perdido. Entonces, se
crea un problema aún mayor: el alumno se siente distinto al resto, y quizás
inferior, cosa que disminuye su autoestima y, consecuentemente, su motivación y
esfuerzo en el aula, cosa que en un futuro podría conllevar que ese alumno
dejara de estudiar. Si, el profesor, en vez de ignorar ese alumno intentara
buscar otra forma de explicarle ese contenido “x” que no entiende y le diera
ánimos, la respuesta del alumno sería probablemente mucho más positiva, y este
se esforzaría más para superar sus obstáculos.
Así pues, es importante que el profesor tenga presente
que existen inteligencias múltiples y que el mero hecho de que un alumno
presente una dificultad concreta no significa que no sea inteligente, y es el
docente quien tiene que hacer un seguimiento individual del alumno no solo para
ayudarle a vencer sus dificultades, sino que también debe contribuir a desvelar aquello en lo que
destaca, y saberlo resaltar. Asimismo, sería preciso que, además de contribuir a solucionar ciertas dificultades del alumno, se contribuyera a que las capacidades en las cuales destacamos como individuos sean fomentadas y ejercitadas, para que no hubiera individuo que se sintiera inservible o negativamente diferente al resto.
Por último me gustaría añadir que no hay un mal aprendiente, sino una forma de enseñar mal aplicada. Tampoco hay una sola respuesta a una pregunta:
Por último me gustaría añadir que no hay un mal aprendiente, sino una forma de enseñar mal aplicada. Tampoco hay una sola respuesta a una pregunta:




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