Era de esperar que parte de la juventud de hoy se encuentre desmotivada frente al aprendizaje o que se sienta poco preparada para su futuro, ya que parece ser que hay no se aplica un efoque adecuado en la forma de enseñar, y los métodos que se utilizan en las escuelas no se aplican teniendo en cuenta que las personas aprendemos mediante la acción y la actuación. En vez de eso, se enseña mediante lo que Gonzalo Frasca llama "escuela-biblioteca", donde se aprende mediante actividades tradicionales, individuales y unidades didácticas repetitivas, simplistas, que no consiguen despertar el interés del alumno, sino que más bien le pueden inducir a pensar que sus capacidades están infravaloradas, ya que no le suponen ningún reto.
En otros casos, como con algunas personas que tienen más dificultad para ciertas tareas, esa idea de infravaloración no se encuentra en las actividades, sinó más bien en la actitud del docente frente a sus dificultades, la cuál puede llegar a bajar el nivel de autoestima y, por lo tanto, de voluntad de superación de este. El alumno, con o sin dificultades, teme constantemente caer en el error, ya que sería horrible verse minimizado delante de sus compañeros de clase. Así pues, en vez de intentar hacer una actividad, quizás lo que un alumno hará es rendirse directamente, puesto que el error no entra en su vocabulario.
En mi opinión, para paliar estos conflictos educativos que conllevan al fracaso de muchos jóvenes estudiantes, el profesor debería fomentar la acción y el "hacer", quitar importancia al error y animar a los alumnos a esforzarse, a intentarlo de nuevo, sin olvidarse de darles ánimos y creer en ellos. Si además incorporamos actividades lúdicas y dinámicas aprovechando la tecnología, entonces conseguiremos aumentar su motivación. Así tal, vez, los aprendientes sentirían que el error es parte del proceso de aprendizaje y el aprendizaje un juego. Debemos crear una "escuela-laboratorio", donde experimentar, y practicar estén presentes y el error no sea un tabú. Esas son las verdaderas puertas al conocimiento.
Por último, también sería preciso añadir que en la enseñanza de lengua extranjera la situación es la misma: para que haya aprendizaje debemos impregnarnos de la lengua e interactuar con ella, usarla en su forma más real, para luego saber verdaderamente cómo utilizarla. Para favorecer el uso de la lengua extranjera desde las etapas más iniciales, es importante no dar demasiado relieve a los errores gramaticales, los cuales serán corregidos más adelante. Además de fomentar la comunicación sería preciso promover actividades que contribuyan a la adquisición de conocimientos culturales, puesto que sin esos conocimientos la lengua no se podrá aplicar sin, en ocasiones, crear malentendidos. Hay que conocer la cultura de la lengua que aprendemos de manera explícita y romper estereotipos, para así también fomentar la tolerancia y el respeto a la multiculturalidad, a la diferencia.

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