Hace algunos años, el profesor era una
figura autoritaria a la que no se podía cuestionar y era quien dictaba las acciones en el aula: decidía
quién podía hablar, quién debía hablar, etc. Debido a esta posición superior,
el docente era considerado como algo parecido a un ser omnipotente, con
conocimientos incuestionables de verdades incuestionables, por lo que las
clases se basaban en la escucha de clases magistrales donde el profesor era
quien tenía la palabra y los demás debían escuchar en silencio. Su poder en el
aula era tal que también tenía derecho a castigar, por lo que podía imponer disciplina
y base de algo aproximado al temor.
El papel del docente ha ido modificándose
con el paso de los años, pasando de ser una figura autoritaria y submisiva
hasta llegar a la figura actual que mayoritariamente lo representa, que presenta al docente como un profesional que
se “mezcla” más con su alumnado y adquiere una posición menos poderosa. Que se
muestre en una posición menos poderosa no quiere decir que el docente haya
perdido su “poder” ni que ya no tenga ciertas responsabilidades, sino que más bien la forma de relacionarse con el alumno se ha
modificado hasta tener gran relevancia en el proceso de aprendizaje.
Hoy en día el docente desempeña un rol significantemente
distinto al del pasado. Este sigue siendo una figura fundamental para el
conocimiento, un profesional que dirige, pero sin imponer temor, sino que más
bien lo hace promoviendo el interés ya que “tener la oportunidad de compartir sus ideas y de escuchar
las ideas de los demás, le brinda al alumno una experiencia única en la que
construye significados”.
Asimismo, este tiene unos objetivos que van más allá de transmitir
conocimientos, como son los de fomentar la autonomía del alumno en el aprendizaje y desarrollar en ellos
ciertas capacidades externas al propio conocimiento, como por ejemplo la
cooperación. Actualmente, el profesor ya no
es respetado por el miedo que infunda en los alumnos, sino por la motivación
y la afectividad que este despierta con su forma de expresarse, tanto
verbalmente como con el lenguaje corporal (gestos, contacto visual, etc.).

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