miércoles, 16 de octubre de 2013

El sistema educativo finlandés y lo que deberíamos aprender de él

Barcelona, 16/10/2013

Cuando oigo la palabra “Finlandia” se me ocurren muy pocas cosas; la verdad es que es un país que me resulta bastante desconocido. Sin embargo, sí que hay algo en lo que destaca sumamente: su sistema educativo. Hace años que oigo hablar de Finlandia y su presencia en los informes PISA, donde su nombre aparece constantemente en las primeras posiciones, incluso en la cúspide.

La motivación del modelo finlandés


El modelo educacional finlandés no es para nada nuevo, ni tampoco el resultado de una decisión impulsiva por parte del gobierno de turno. El modelo surge de una depresión social debido a la segunda guerra mundial donde la población activa disminuye. Es ese momento en el que se plantea la importancia de invertir en educación para desarrollar el conocimiento, destreza y productividad de la población y, por lo tanto, de mejorar su sociedad, para crear un ciudadano digno. Este modelo tardó cinco años en ser planteado y han hecho falta 25 años para poder llegar a lo que ellos llaman un “modelo basado en la confianza”. Tanto políticos como profesionales docentes concuerdan con el valor de la educación, como uno de los recursos más importantes de su sociedad. Por ello confían entre ellos para llegar a buen puerto. Es por eso que se invierte aproximadamente un 12 % este sector, frente al 5% que invirtió España en el 2011, y menos que se invertirá.
La inversión económica es una buena justificación para el nivel de calidad de la educación finlandesa, pero no todo depende de la inversión económica, sino que también tiene que ver con la formación del profesorado. En Finlandia, convertirse en profesor requiere no sólo una carrera universitaria, sino que una formación de máster. Además de eso, no cualquiera puede entrar en esta carrera, sino que la nota de acceso es una de las más altas. Con eso se aseguran que las personas que se convierten en profesores son personas altamente motivadas y con vocación, y que no son, como en muchos caso ocurre en nuestro país, personas que se decantan por una carrera de fácil acceso donde en mucho casos no existe vocación alguna, sino que se escoge por descarte (después nos quejamos de que hemos tenido profesores malos). Me atrevería a decir que ser profesor no termina en unos estudios superiores, sino que también requiere una formación constante, que se adapte a los nuevos enfoques y que avance y evolucione a medida que la sociedad también lo hace. Los profesores deben moverse con la sociedad, y por lo tanto renovarse a ellos mismos , estar abiertos a experimentar una metamorfosis, si es preciso.

Además de una inversión económica estatal de las más altas del mundo que permite una educación totalmente pública y gratuita a cada finlandés y sus estrictos requerimientos por parte de los docentes, también hay que tener en cuenta la organización de las clases,  las estrategias y las metodologías didácticas que se siguen.  La idea de la clase se define como un entorno reducido de alumnos y relajado – en contraste con el ambiente jerárquico con el que nos encontramos la mayoría de veces en nuestras aulas --, donde profesor y alumno son prácticamente iguales y se tienen confianza. El profesor es el conductor hacia el conocimiento, pero no la fuente, y se convierte en un guía del aprendizaje que observa y detecta necesidades. Se invita a los estudiantes a hablar tanto o incluso más que el propio profesor, a obtener el conocimiento por ellos mismos. El programa es flexible y, si bien parte de una base pactada a nivel estatal, cada escuela tiene autonomía para adaptarlo según convenga (y adaptar no significa echar a perder).

Un aspecto que verdaderamente deja ver el interés que el profesor vierte en el aula se aprecia en el hecho de ayudar a cada individuo a avanzar cuando se da el caso de que un estudiante tiene dificultades para aprender. se afronta la situación y se ponen en práctica métodos educativos alternativos a los fijados para que esa persona pueda seguir el ritmo de clase, y así todo el mundo puede seguir aprendiendo lo mismo y al mismo tiempo. Aquí una persona con algún tipo de dificultad no considerada normal, sería excluida a una clase “para tontos” o directamente ignorada.

Como se puede apreciar, las diferencias entre este modelo y el nuestro son casi abismales. Y muchas de las características de las que goza el sistema finlandés serían aplicables al nuestro. Aun así, serían aplicables solo si tuviéramos una visión respecto a la educación como la que tienen ellos. Pero vivimos en un país donde se considera más relevante competir que cooperar y tener más a compartir. Estamos en un país donde los que gobiernan quieren reducir la educación a un lujo de clase alta donde en vez de estudiantes haya clientes (probablemente blancos). Y mientras siguen invirtiendo millones en la iglesia.

Compton, B. The Finland   Phenomenon: Inside the World's Most Surprising School System


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