Este artículo, motivado por una vivencia personal
del autor, nos aborda un tema que, inicialmente no parece tener mucho que ver
con la educación. Se habla de la industria agroalimentaria y de la inversión de
un país asiático en una compañía multinacional americana de comida rápida, la cual recibe un
gran número de beneficios por trasladar parte de su producción de patatas a ese
país con la esperanza de obtener inversión del país de la empresa que acogen.
Los perjudicados son el mismo estado, pero también
esa parte de la población agraria que se ha tenido que mudar a medida que les
han expropiado las tierras. La empresa multinacional, además de ocupar sus tierras, ha decidido automatizar la producción. Esa gente, en busca de oportunidades, ve la ciudad como la única
opción disponible para ello , por lo que su población y, por lo tanto, necesidades, crecen.
Necesidades sanitarias, laborales y educacionales, entre otras. Como el estado
no ha obtenido suficientes beneficios de su inversión, no hay tampoco un presupuesto
estatal que crezca, y, por lo tanto, no hay inversión interna, no hay inversión en la educación. Parece que, al final, el único que sale favorecido es la empresa multinacional, la economía externa.
Esta situación respecto a la inversión en la educación no está tan alejada de la situación que se vive en Europa, tal
como he podido apreciar con “Globalización, neoliberalismo y educación”. En Europa,
la situación de crisis hace que muchos países dejen de invertir en educación y se deja en manos de los profesores la responsabilidad de mejora de la educación, los cuales al no tener recursos económicos tampoco acaban realizándo una mejora. Especifico un poco con lo que a mejora se refiera: infraestructuras,
menos masificación, gratuidad. Todo eso necesita inversión económica, no sólo buena voluntad por parte del profesorado.
Volviendo al país asiático de nombre desconocido, como
este no puede invertir en educación y demás (yo añadiría un “teóricamente”, pero entraríamos en una subjetividad de nivel conspirativo), el estado enmascara
las necesidades de una población urbana en crecimiento. El estado amaña
estadísticas e invisibiliza a sus nuevos habitantes para no mostrar la realidad, una realidad donde hay
niños que necesitan ser escolarizados, donde hay familias que viven en ambiente
insalubres y que, tras perder sus fértiles tierras, tienen que trabajar para
apenas alimentarse. Se trata de una decisión con un efecto dominó salvaje. Es
un efecto dominó que además está estrechamente ligado a la mentalidad
occidental capitalista del economicismo, donde los términos blanquedad y neocolonialismo también encuentran su lugar.
Así pues, la población, las familias que se han
visto forzadas a mudarse a la ciudad se han encontrado solas y desamparadas,
excluidas y con sus derechos negados. Al negar el derecho a la educación de esos
niños también se les ha negado un futuro. La negación del derecho a la educación
es otra forma de dominación del estado para crear individuos fácilmente
manipulables, que además tengan que entregar sus vidas futuras a unas
situaciones laborales que me recuerdan el término macdonalización: una cadena de producción de seres humanos baratos.
La macdonalización de la escuela,
desde mi punto de vista, no existe en este caso, al menos para aquellos muchos que no conocerán lo que es, ni tan siquiera, la educación. Será un lujo que
nunca habrán tenido al alcance ni en sus propios sueños.
La educación, tal como ha comentado una compañera que ha visionado el documental
“La LOMCE según A. Tonucci”,
está bien ligada a la felicidad. Entonces, podríamos decir que la felicidad procede, en parte, de los valores y
conocimientos que se aprenden mediante la educación. Qué gran paradoja que una multinacional de comida
rápida (de nombre irrevelado) que lo más probable es que utilice la felicidad de los niños en sus campañas sea la causante directa de tal situación en un lugar donde este término cada vez se ajusta más a un conjunto de la población más exclusivo.
Fuente: Apple, M. W. (2003). “Comiendo papas fritas baratas”. Reflexiones
pedagógicas, 20




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